Hermanos: relaciones imperfectas
14/10/2024
A la hora de analizar las relaciones familiares, solemos centrarnos en los vínculos de padres e hijos; pero puede haber otras figuras relevantes, como los hermanos. La relación entre hermanos puede ser casi igual de trascendente para comprender quienes somos hoy, que el vínculo con nuestros padres.
Cada hermano suele tener una personalidad diferente a la de los demás. Cuando un niño llega a una familia, llega con su propio temperamento de base, pero también con una mochila cargada de expectativas, ilusiones, sueños y temores de sus padres y otros familiares cercanos.
La relación entre hermanos puede ser fuente de seguridad mutua y de afecto bidireccional. Suele ser la primera relación de igual a igual que se tiene en esta vida, a través de la cual nos entrenamos para relacionarnos con otras personas en igualdad de condiciones.
En esta relación hemos tenido que aprender a gestionar emociones contradictorias; a la vez que encontramos afecto, cercanía y complicidad, hemos tenido que aprender a sobrellevar los celos y las rivalidades, las bromas y las “puyas”.
La rivalidad entre hermanos es universal y aparece en los primeros años de vida aunque algunas veces permanezca hasta la edad adulta. Es frecuente que no se consiga gestionar de manera adecuada la relación con sus hermanos y acaban generando sentimientos bastante tóxicos, como la envidia o el odio, que pueden llegar a marcar el desarrollo de su personalidad y de su forma de relacionarse de una manera realmente negativa. Hay que tener en cuenta que a los hermanos no se les escoge y puede ser que no se lleven bien. Los motivos por los que dos hermanos pueden discutir son infinitos. La convivencia genera roces y es inevitable que esto no afecte a la relación. Pero hay uno especialmente relevante, tener que compartir el amor de los padres y especialmente el de la madre, generando frustración y mucha rabia que cada hermano gestionará de manera diferente.
Si las cosas van bien, los hermanos pueden favorecer el desarrollo de habilidades sociales en el trato con los iguales, lo cual puede ser el trampolín perfecto para hacer futuras amistades o aprender a resolver conflictos entre amigos y compañeros. Las peleas que tuvimos de pequeños fueron nuestro campo de entrenamiento para solucionar los conflictos de la vida. Con ellos aprendimos a compartir, a negociar, a ceder o a defender lo que creíamos justo.
Hay actitudes de los padres respecto a la relación entre hermanos, que juegan un papel determinante en el desarrollo de la identidad:
- No encasillar a los hijos en un rol determinado, el bueno, el malo, el listo, el tonto, etc.
- Aunque el trato sea diferente el amor hacia los hermanos ha de ser el mismo.
- No responsabilizar a un hermano de la conducta o del cuidado del otro.
- Dar las mismas comunicaciones a todos.
- Tener en cuenta que las discusiones entre hermanos a veces son un signo de necesidad de atención.
- Comprender que cada hijo es diferente. No compararlos.